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domingo, 18 de agosto de 2013

Una palabra por delante.


"—Quiero que me escuches. —La voz provenía de su interior.— No sabes quien eres."

 

Ey, chaval.

Te levantaste tarde un día y ya no eres tan joven, pero sigues siendo idiota y estás entumecido por toda tu gloria que ya se ha ido. Y aquella mañana era una explosión de sinsabores, un sentimiento insípido de caída perpetua. Error continuo y carrera sin meta.

Ignoraste los factores estocásticos, presupusiste que el camino ya estaba marcado y sólo había que leer un guión.

Escondidos de la luz y el sentido mostramos nuestro verdadero disfraz. Las sensaciones se purifican. Mientras, el destino, te envía tambaleándose recuerdos de sueños diezmados y gritos ahogados. Buscaba complementariedad y se hallaba con antónimos, hasta que un día encontró una pieza que encajaba en su alma... y era todo tan irreal y antiestadístico que se asustó y no quiso volver a buscar. Existía un corazón que latía acorde a las melodías que le recordaban a ella.

El hombre que hay en mí se esconde en ocasiones de ser visto. Recuerdo caminar una calle de madrugada. Una calle que cuando luce el sol es un tumulto de gentío constante. Una confusión agitada. Pero aquella noche sólo el alquitrán de las calles, los gigantes de hormigón y la lluvia tendían su compañía sobre mí... y nunca me sentí más acompañado.

 

Lo soñado y lo no vivido. Lo no soñado y lo vivido. Discernirlo es mi tarea más ardua.

 

 

 

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