“Había un tipo
en Northfort Avenue que llevaba una funeraria en los sesenta. Por aquel
entonces ya se estaba rompiendo el yugo del racismo. El barrio de aquel tipo
cada día estaba más lleno de gente de color y el hombre, que era muy
conservador, se negaba a enterrar a los negros. Entonces su negocio quebraría y
él se iría a la ruina. Los vecinos le preguntaban «¿Alguna vez enterrarás a
algún negro?» A lo que el respondía «Sí, pero con la condición de que los
entierre a todos de una sola vez».
Era un hombre morboso,
un hijo de puta pero… ¿Sabe qué? Sabía como pensaba.”
“Sucedió al
principio de los tiempos, que este distrito tuvo un dilema civil de
proporciones épicas. El consejo de la ciudad había aprobado una ley que
prohibía el consumo de alcohol en lugares públicos, en las calles, en las
esquinas… pero, la esquina era, es y siempre será la sala de los pobres. Es
donde un hombre quiere estar en una calurosa noche de verano. Es más barato que
un bar, pillas una buena brisa y ves a las chicas guapas pasar.
Pero la ley es
la ley, y si la poli vigila… ¿Qué van a hacer ellos? Si arrestaban a cada tipo
de ahí fuera por beberse una cerveza no tendrían tiempo para cualquier otro
tipo de trabajo policial. Y si pasaban del tema se prestarían a todo tipo de
críticas y faltas de respeto.
Pero en algún
momento en los cincuenta o los sesenta, algún fumeta sin nombre tuvo un
verdadero momento de genialidad, y un día al salir de la licorería y de camino
a la esquina, deslizó la botella de licor de bayas en una bolsa de papel. Un
gran momento de compromiso cívico.
Esa pequeña bolsa de papel arrugado,
permitió a los chicos de las esquinas beber en paz y nos dio el permiso para ir
y hacer el trabajo policial. La clase de trabajo que en realidad vale el
esfuerzo por el que merece la pena recibir una bala. Nunca ha habido una bolsa
de papel para las drogas.
Hasta ahora.”
-Howard "Bunny" Colvin.
-Howard "Bunny" Colvin.
