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domingo, 16 de junio de 2013

Sentencias y fallos


Las vidas más afiladas son las más mortíferas de dirigir


Acérquense ahora y tomen asiento para esta trágica aventura.
Aquí llega el epílogo.


“Renace en su ser todo un cementerio de memorias. En ocasiones, cuando busco algo, me encuentro con predeterminación, previsibilidad y me hace perder la fe en todo lo que puede venir de ese instante en adelante… pero no aquella vez, era algo diferente.
Nadie me conoce, soy frío, camino esta vida solo. No es culpa de nadie excepto mía, es el camino que he escogido recorrer. Frío como la nieve, no muestro desconcierto.
¿Y si te dijera que no soy como los demás, que no soy otro juego más? Hiciste lo imposible, ganar mi confianza.
Y advertí: No juegues a algo peligroso, porque si me quemo, te enseñaré lo que es hacer daño. Porque he sido tratado como basura antes que tú. Y el amor es malvado.
Este es el principio de algo que llega a un final.
¿Y por qué preocuparme si no existe evidencia física presente de su perpetuidad? Sólo queda el recoveco de un recuerdo. Una sonrisa, una línea de ojos, una brisa de puerto.”


Ahora la sonrisa es una mueca; la línea, un horizonte borroso; la brisa, un vendaval... Y aquellos recuerdos: lluvia congelada.

La certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve.

domingo, 2 de junio de 2013

Desierto cosmonaútico

¿Alguien puede oírme o estoy hablando conmigo mismo?


Ya nada me une a vuestro planeta, no profiero nada hacia él. Este cubículo ingrávido es suficiente para mí, esta quietud. He abandonado por siempre jamás y ahora floto de la manera más peculiar. A pesar del veloz orbitar aún siento una paz desbordante.
No me queréis entender.
El geoide desde esta perspectiva me muestra la dimensión macroscópica del todo. Las estrellas brillan de manera muy diferente. Estoy harto de la sociedad, de las marañas que se conforman en torno a las ideologías, religiones y creencias. Aquí no hay leyes, mientras que kilómetros bajo esta sonda yace una Sodoma moderna, llena de todo lo que no quiero ser. Creéis que cambiáis el curso de las cosas, pero se sigue manteniendo fijo, cambiáis profeta por profeta. Agua y aceite.
No.
Prefiero esta simbiosis con el cosmos, ya nada me une a vuestro planeta. He transmutado en algo que no conozco, pero dentro de toda la ignorancia que poseo concibo la insignificancia de mi ser y los secretos que me aguarda el infinito.

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¿Qué esconden las ventanas al viaje transdimensional? Puertas a la alternatividad, donde la muerte vive. Donde fluye el paralelismo eterno, el cambio infructuoso, el destino superpuesto. Mientras el sol cuelga en el cielo el desierto tiene arena.
A mi vista se abren geometrías desconocidas y colores nunca percibidos. Formas imposibles y delirios arenosos que erosionan la imaginación. Opuestos complementarios y aberturas herméticas. Contradicciones lógicas. Acordes estridentes de otros mundos.
Vivió, vive, vivirá. Murió, muere, morirá. Sólo son formas verbales.


Su reloj no funcionaba, pero al retirarlo de su muñeca las manecillas volvían a funcionar y el segundero giraba acorde. Al devolverlo a su mano el reloj se paraba de nuevo. Era algo premonitorio. Y me asusté.

Para todos.

Para todos.
Historias de Darius