No habrá paz para los malvados
DIRECTOR Enrique Urbizu
GUIÓN Michel Gaztambide, Enrique Urbizu
REPARTO José Coronado, Rodolfo Sancho, Helena Miquel, Juanjo Artero
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El cine español es considerado un lodo por sus semejantes. Está estigmatizado -en algunas ocasiones con toda la razón- por los espectadores que tienen por tópicos del cine castellano desnudos, insultos y dramones. Ahondar en los géneros, sacar lo mejor de ellos, es lo que necesita el cine español, acto que se ve reflejado de sobra en "No habrá paz para los malvados". El público está cansado de personajes encasillados en comedias sobreentendidas de pésimo gusto y guión.
Son pocos los que se atreven a mojarse, a intentar definir límites, innovar. Es el caso de Enrique Urbizu en esta película, que resucita el género negro español (su verdadero lugar). José Coronado culmina el papel de su carrera de una forma sobresaliente, —que, algo paranormal debiera de pasar para no alzarse con el Goya al mejor actor, y no descartemos tampoco el título a "mejor película"— rodeado de un excelente reparto y duras y secas interpretaciones.
Es puro cine negro, sin cribar, a pelo, al estilo verdaderamente español. Urbizo nos sumerge en un submundo del antihéroe español, un borracho y vago policía que trabaja en el departamento de personas desaparecidas, que por azares del destino se ve envuelto en un entuerto que resuelve a su manera.
Se perciben matices que yo llamaría "McCarthianos", me refiero al género literario de Cormac McCarthy reflejado especialmente en "No es país para viejos". Largas pausas, acciones muy precisas, silencios naturales, suspiros en habitaciones pequeñas y un personaje perspicaz y para nada plano. El cine español debería sentirse homenajeado con esta película, se podría decir que estamos ante el nuevo "El Crack" de Garci, un perfecto y digno sucesor de la estirpe de cine negro.
¿Qué está bien? ¿Qué está mal? El español borracho, desconsiderado, malhablado, descortés, putero, alcohólico, vago, funcionario... que es capaz de cautivar al público a través de su propio desprecio por la escoria social. Un antihéroe puro, sin barras ni estrellas, ni ostentosas banderas, ni patriotismos: un español.
La moraleja que uno saca de la película (me refiero respecto al cine español, no es ningún spoiler) es que el cine español está muy vivo, todavía quedan actores que se quieren desencasillar y realizar auténticas interpretaciones capaces de mirar por encima del hombro a cualquier subproducto ostentoso Hollywoodiense, como por ejemplo la perfecta interpretación de Juanjo Artero que se aleja de la pequeña pantalla para ponerle en primer plano en los cines. Debemos dar prioridad a una buena imagen cultural antes que llenar las salas de adolescentes de encefalograma plano que buscan comedias de carácter obsceno con actores de moda de usar y tirar. Si las salas se llenan de profundos dramas, cine policiaco, buen terror, comedias inteligentes, cine negro... quiere decir que todavía queda esperanza en el séptimo arte español, porque queda claro en las cifras que el cine argumental también vende y llena salas. La gente no es tonta y sabe lo que es y lo que no es bueno, exactamente como Santos Trinidad (José Coronado).
"—¿Sigues con aquella morena tan guapa?"
"—A mí no me quiere nadie."