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sábado, 16 de junio de 2012

El cubo esférico y la mosca

Cuidado: Marasmo metafísico.




El ritmo de las realidades desconocidas, cuando es interferido por una alteración imprevista, actúa sin propio control. Conceptos y formas se arraciman en dislocadas crispaciones. ¡Caótica búsqueda! Que curioso... dicho torbellino estremecedor de energías desconocidas ha ido a refugiarse en un receptáculo inapropiado. ¡Un artrópodo insecto!


La mosca encarna todo aquello que retorna a nosotros. Aquello que en algún momento representó tanto para ti y ahora está enclaustrado bajo llave en lo más recóndito de tu recuerdo. Fueron unas vivencias tan puras que parecen que nunca hubieran sucedido.
Ese zumbido incómodo en la oreja, el hormigueo en el párpado, el incordio en la nariz; no trata sino de buscar tu reminiscencia, avivar esos momentos ya conocidos y con ellos todo lo que conlleva. Un tsunami de sensaciones, un aluvión de sentimientos, un festín de percepciones. Demasiado azaroso para afrontarlo y demasiado conocidas y propias. A veces las palabras tienen dos significados.


¿Realmente cree que estoy exagerando? ¡Mire! ¡Mire lo que en realidad soy! ¡Fíjese que extraña conspiración de elementos óseos en movimiento! ¡Aprecie que orden rige la aleatoriedad de mis pleitos metabólicos! Todo el acumulado de microseres que me conforma para dar lugar a un simple ser...


Yo me estoy convirtiendo en todo esto. Mi esquema corpóreo se ha diluido en ese marasmo de inconceptualidades. Mundos delirantes en una metamorfosis que desafía las leyes del espacio-tiempo. 
Un emplasto poliforme. Un esclavo de la realidad. 

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Historias de Darius