Son momentos que duran un nanosegundo, imperceptibles a simple vista, sientes ese sexto sentido cuando uno de ellos ocurre. Y todo se paraliza, y es necesario actuar en consecuencia en un margen nimio de tiempo. Nada volverá a ser lo mismo, se rompe la hiperincursión, las partículas toman otra forma de presente y se evaporan todas las antiguas posibilidades de futuro. Se acaba de crear una nueva maraña de tiempo y destino diferentes a lo previsto, afrontas un camino de no retorno hasta que otro de esos momentos se muestre. Ahora hay un nuevo mantel sobre la mesa. Por eso hay que estar atento, porque quizás nunca se vuelva a presentar, o es posible que ocurra cuando menos te lo esperas. Vives atado a la esperanza de intentar percibir ese momento, con la fe de que en algún instante se producirá y tu podrás enmendar el error. Romper la linealidad del tiempo, conseguir atraer a una posibilidad de pasado para poder tener un futuro.
Entonces ocurre.
Y actúas. Y no pasa nada... ¿O sí?
Toda la materia y la antimatería toman una nueva forma, se construye un castillo de probabilidades, un menú de elecciones de futuro, todo ello en una franja infinitesimal de tiempo. Escoges lo que quieres, desechas lo que aborreces, y por una vez, por una sola vez en tu existencia, todo va como tu quieres.

No hay comentarios:
Publicar un comentario