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miércoles, 17 de agosto de 2011

Amor cuántico & Watchmen.

A.:—Aquí es donde mantendremos nuestra conversación, en ella tú me pedirás que evite la inminente guerra nuclear. Pero, ¿Por qué voy a salvar un mundo del que ya no me interesa nada?

B.:—Entonces, hazlo por mí. Si de verdad te importo...

A.:—Cuando tu me abandonaste, yo abandoné la Tierra. ¿Acaso no demuestra eso que me importas? Mi mundo rojo de aquí y ahora, significa más para mí que tu mundo azul. Deja que te lo enseñe...

B.:—¿No puedes contarme como acaba todo esto, y así nos ahorramos las molestias?

A.:—Acaba contigo llorando.

B.:—¿Llorando? Entonces no vuelves a la Tierra.

A.:—En algún momento sí, pero las calles están llenas de muerte.

B.:—¡Por favor! ¡Tienes que impedir esto! Todo el mundo morirá.

A.:—Y el universo ni se inmutará. En mi opinión, la existencia de vida, es un fenómeno muy sobrevalorado. Mira a tu alrededor, a Marte le va perfectamente bien sin un sólo microorganismo. Esto es un mapa topográfico constantemente cambiante que fluye y se mueve en torno al polo en oleadas de diez mil años de duración. Dime ¿Cómo puede esto mejorar con un oleoducto? ¿Con un centro comercial?

B.:—Entonces es demasiado pedir. Un milagro.

A.:—Los milagros por definición son insignificantes, sólo sucede aquello que puede suceder.

B.:—¡Basta ya de chorradas! Mándame de vuelta a la Tierra, pero que sepas que te equivocas. Dijiste que esto acabaría conmigo llorando y mira, nada. Tal vez te hayas equivocado en todo.

A.:—Te quejas por que me niego a ver la vida en sus propios términos, pero tú sigues negándote a ver las cosas desde mi perspectiva. Bloqueas todo aquello que te da miedo.

(...)

B.:—Mi vida no es más que una broma pesada...

A.:—Yo no creo que tu vida sea una broma. ¿Sonreirías si admito que estaba equivocado?

B.:—¿Sobre qué?

A.:—Los milagros termodinámicos, casos con una probabilidad infinitesimal de que sucedan, como que el oxígeno se transforme en oro. Siempre he deseado presenciar algo así y, sin embargo, he descartado eso mismo. En el emparejamiento humano, millones y millones de células compiten para crear la vida, generación tras generación. Hasta que por fin, de toda esa contradicción, contra todo pronóstico imaginable, eres tú, sólo tú la que surge. Para dibujar una forma tan específica de entre todo ese caos. Es como transformar el aire en oro, un milagro... Y por eso me equivocaba, y ahora sécate los ojos y vámonos a casa.

1 comentario:

Boa dijo...

http://nominativosingular.blogspot.com/2011/04/watchmen.html

Para todos.

Para todos.
Historias de Darius